Un Si de Amor

Por Hna. Mª Gloria del Espíritu Santo

Cuando las mujeres regresaban del sepulcro vacío, con temor pero con mucha alegría, Jesús salió a su encuentro y las saludó. Después Él les dijo: “No temáis, id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán” Mt.28,10

Así según las indicaciones del Maestro, Pedro, y los Apóstoles se encuentran ya en Galilea, en espera. Son hombres de temperamento práctico y no saben esperar sin hacer nada. Así que se entregan en su trabajo ordinario: la pesca.

Jesús se adapta a la psicología de sus discípulos y se hace presente en su trabajo. Jesús, de una forma ingenua, les pregunta si tienen algo de pescado para comer. Como no habían pescado nada, les ordena: “echad la red a la derecha y encontraréis”. La echaron y la sacaron llena de peces… Juan adivina quién es el interlocutor, y dice: “¡Es el Señor!”. Pedro entonces, se lanza al agua,  y nada un centenar de metros, para juntarse con Jesús.

Juan es el primero en reconocerle; Pedro es el primero que se ha juntado con Él. De igual modo ocurre en la Iglesia. Sucede, a menudo, que el progreso de la doctrina y las iniciativas de la experiencia de la fe, emanan de cristianos que han recibido los dones de penetración en la búsqueda de la verdad, y de fervor en la práctica de la caridad: Ellos están en primera línea. Pero en actitud humilde, se lo comunican a Pedro, es decir, al sucesor de Pedro, que es el “patrón de la barca”, y el que todo se lo manifiesta al Señor. Al final, Pedro autoriza la acción, porque es el responsable de la decisión.

Hay un detalle que indica la delicadeza de Jesús con los “suyos”: ha preparado unas brasas, algo de pan y pescado, ¡quiere hablar a sus discípulos en la intimidad de una comida! Después de que casi todos le abandonaran en el momento crítico de la Cruz, y Pedro, además le negará tan cobardemente y, Jesús tiene con ellos detalles de amistad y perdón, que llenaron de alegría a los discípulos.

Jesús rehabilita con delicadeza a Pedro en su misión, después de haberle negado tres veces, pidiéndole tres veces un acto de amor incondicional. Pedro el impulsivo, el que a pesar de sus defectos quería de veras a Jesús, tuvo aquí la ocasión de reparar su triple negación con una triple profesión de amor.

Para los que saben leer la historia contemporánea de la Iglesia, aparece, con reconfortante evidencia, que el ministerio de Pedro, asegurando la solidez de la fe y confirmando en ella a los hermanos, se repite ante nuestros ojos.

Termina la escena con el anuncio del testimonio que más adelante habrá de dar Pedro con su muerte. Pedro dará testimonio de Jesús ante el pueblo y ante los tribunales, en la cárcel y finalmente con su martirio en Roma.

El Evangelio de este domingo, nos trae un mensaje de alegría y de esperanza. También nosotros podemos tener noches malas, trabajo infructuoso, fracasos y decepciones en nuestro camino ¡Jesús Resucitado está a nuestro lado! Cristo, en quien creemos y a quien seguimos, sale a nuestro encuentro. En la Eucaristía no nos prepara pan y pescado, sino que nos da su Cuerpo y su Sangre y nos invita a comer con Él y a descansar junto a Él.

Esto nos invita a no perder nunca la esperanza, ni a dejarnos llevar del desaliento. Nuestras fuerzas serán escasas, pero es su Nombre, con la ayuda del Señor ¡todo lo podemos! También a perdonar a los demás a devolverles la confianza y la dignidad perdida para con los otros, cercanos. Ante el que trabaja sin gran fruto y tiene la tentación de echarlo todo a rodar seamos humanos y amables como Él lo fue; que sepamos improvisar un desayuno fraterno, en un ambiente de serenidad y amistad, para el que viene cansado; que ofrezcamos una palabra de interés y de ayuda al necesitado… Así, Cristo vivo se hará presente en la vida de nuestros hermanos y seremos testigos más creíbles de su Resurrección en medio de este mundo.

¡Feliz Domingo!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.