El Primer beso de Jesús

Por Hna. Mª Candelaria de Cristo Resucitado

¡QUÉ DULCE FUE EL PRIMER BESO DE JESÚS A MI ALMA! (MsA 35r)

Hoy, 8 de mayo, recordamos que Sta. Teresita hizo su primera comunión este día (1884).

Fue el primer día que recibió a Jesús en su alma, y ella lo describe como “un beso”…

Muchos niños en estos días pascuales reciben a “Jesús Eucaristía” por primera vez…Ellos son acompañados por sus padres, sus hermanos, catequistas, sus amigos…, para ayudar a avivar la fe, esa llamita de amor que trasforma la vida…

Sta. Teresita fue acompañada por sus hermanas mayores, para prepararse para el gran día: su primera comunión… Su hermana  Paulina , que había entrado en el Carmelo, la preparaba desde allí con la oración, y con un pequeño librito. Ella nos cuenta:

«Aquel librito me ayudó a preparar metódica y rápidamente mi corazón» (MsA 33r)

Este librito contenía prácticas, jaculatorias, pequeños sacrificios, pensamientos profundos, para ayudarla a practicar la virtud…, para ella fueron actos de amor, pequeñas florecitas en las que Jesús podía descansar…

Su hermana María, que vivía en su hogar, la sentaba en su regazo, le enseñaba, y le hablaba de las luchas de la vida; le dio la hojita “El renunciamiento”, que ella meditaba… Nos cuenta:

«Me enseñaba la forma de ser santa, por la fidelidad en las cosas más pequeñas» (MsA 33r)

Sta. Teresita era muy piadosa y hacía sus oraciones. Desde pequeña era muy reflexiva, pensaba mucho, en Dios, en la vida, en la ETERNIDAD.

Cuando relata “Historia de un alma” nos dice:

«Ahora comprendo que, sin saberlo, hacía oración y que ya Dios me instruía en lo secreto” (MsA 33v)

Entró interna en la Abadía , donde las profesoras la ayudaron para la preparación de su primera comunión…Hizo Ejercicios Espirituales que le dejaron un dulce recuerdo.

En sus notas encontramos:

«He pensado que yo tendré mucho de lo que dar cuenta a Dios, que ha sido tan bueno conmigo y me ha concedido tantas gracias, y he prometido esforzarme por ser buena y por tener muchas obras buenas para presentar a Dios”(5 de mayo 1884)

Allí expresaba ella sus pensamientos, tras las pláticas del Sr. abate Domin.

Su hermana Leonia le había regalado un gran crucifijo y lo llevaba puesto en el cinturón, y a ella le gustaba mucho llevarlo, pues lo tenía como los misioneros. Todos pensaron que quería imitar a su hermana carmelita, Paulina, que estaba de Ejercicios Espirituales para su profesión. Ella nos narra:

«Yo sabía que mi Paulina estaba de Ejercicios como yo, no para que Jesús se entregase a ella, sino para entregarse ella a Jesús” (Ms A 34r).

Desde pequeña  anhelaba la soledad y el silencio.

Su hermana Celina, le regaló una estampa que le gustó mucho, que era “La florecita del Divino Prisionero”, y ésta le inspiró muchos sentimientos de amor.

Hizo su examen de conciencia y recibió la absolución…Ella nos narra:

«La confesión general me dejó una gran paz en el alma” (MsA 34v)

Después de esta larga preparación, llegó el gran día de su primera comunión, que ella describe como “jornada de cielo”…¡Estuvo llena de pequeños detalles! El Señor quiso que cayeran copos de nieve, besos tiernos, un canto precioso…Ella expresa bellísimamente, cómo uno se queda sin palabras:

«Hay cosas que si se exponen al aire pierden su perfume, y hay sentimientos del alma que no pueden traducirse al lenguaje de la Tierra sin que pierdan su sentido íntimo y celestial” (MsA 35r)

Al recibir a Jesús en la primera comunión recibió un beso de amor.

«Me sentía amada, y decía a mi vez: te amo y me entrego para siempre”(MsA 35r)

Desde aquel instante comenzó la actitud oblativa de Sta Teresita, que irá perfeccionando hasta el final de su vida. Recibió una gracia de Dios muy grande, pues nos describe:

«Jesús y la pobre Teresita se habían mirado y se habían comprendido…Aquel día no fue ya una mirada, sino una fusión. Ya no eran dos: Teresa había desaparecido como la gota de agua que se pierde en el océano. Sólo quedaba Jesús, Él era el Dueño, el Rey”. (MsA 35r)

¿No nos recuerda esto a Gal 2,20 en que S. Pablo nos dice:

“Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mi?”

Sí, es que cada vez que recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nuestra vida se transforma, y poco a poco nos vamos asemejando a Él.

Sta. Teresita perdió a su madre a los cuatro años, pero ella no estaba triste, pues sabía que su mamá ocupaba un lugar en su corazón.

«Al recibir la visita de Jesús, recibía también la de mi madre querida, que me bendecía” (MsA 35r)

Después de la misa abrazó a su padre (que era relojero y la llamaba “su reinecita”). Le regaló un precioso reloj que le gustó mucho. Después fueron al Carmelo a ver a Paulina, convertida ya en esposa de Cristo.

Sta. Teresita quería mucho a la Virgen, como tantos niños…Ella había estado enferma y la Virgen la había curado con su sonrisa. Por eso, en la tarde de su primera comunión, fue muy grande su dicha al pronunciar el acto de consagración a la Santísima Virgen:

«Puse toda mi alma al hablarle y al consagrarme a Ella, como una niña que se arroja en los brazos de su Madre, y le pide que vele por ella” (MsA 35v).
«A partir de esta comunión, mi deseo de recibir al Señor se fue haciendo cada vez mayor (MsA 36r).

Recibir la primera comunión y cada comunión en nuestra vida, es la mayor dicha, pues nuestras vidas, al recibirle a Él, va cambiando, nos vamos llenando de Amor, de Fe, de Esperanza…Nuestras vidas quedan encendidas de la “Luz de Cristo” y nos convertimos en Testigos, para iluminar a los demás…

Si vas a hacer tu primera comunión, habla con Jesús y escúchale en tu corazón…No olvides los acontecimientos y gestos de Amor, que Jesús te va a ofrecer…

Y  tú, que recibes la comunión cada mañana o cada domingo, no olvides cuánto te ama Jesús y desea entrar en tu corazón, para hacerte feliz…

Si no conoces a Jesús y te atrae su mensaje, acércate a la Iglesia, y encontrarás un sacerdote o un catequista, que te muestre el Evangelio de Jesús.

Sta. Teresita del Niño Jesús, doctora de la Iglesia, escribirá el 1-6-1894 una  poesía “MI CANTO DE HOY” (PN5) en que nos dice, haciendo eco de Jn.6,33.48.59:

PAN VIVO, PAN DEL CIELO, DIVINA EUCARISTÍA,
¡CONMOVEDOR MISTERIO QUE PRODUJO EL AMOR!
VEN Y MORA EN MI PECHO, JESÚS, MI BLANCA HOSTIA,
¡NADA MÁS QUE POR HOY!

¡Acerquémonos a la Eucaristía! y, como los discípulos de Emaús, digámosle:

“QUÉDATE CON NOSOTROS, PUES EL DÍA YA DECLINA”
(Lc 24,29)

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