¡Ven Espíritu, de la boca del Resucitado!

Por Hna. Cruz Mª de Jesús

Con la fiesta de Pentecostés llegamos al culmen de la celebración del tiempo pascual, pero lejos de ser un término es un comienzo ya que en la liturgia de este día resuena fuerte el envío que nace de la boca del Resucitado a sus apóstoles…”Como el Padre me ha enviado así también os envío yo”. Jn 20; Aliento exhalado sobre ellos, y dicho esto sopló sobre ellos…impulso vital para ser testigos vivos, valientes en aquellos comienzos de la Iglesia naciente.

Pero hay un matiz que no debemos pasar por alto y es que el Resucitado muestra a sus apóstoles las marcas de su pasión, se nos invita a poner los ojos y a recordar que el que ahora es el Viviente ha sido el Crucificado, la realidad de la Pascua en su movimiento de muerte-vida, humillación-exaltación. Es precisamente de su humanidad quebrada en la Cruz donde ha brotado el caudal del Espíritu que ahora inunda la tierra entera…ese agua viva, que sale para repartirse a toda la humanidad del trono del Cordero que lava las manchas, renueva, recrea, consuela, enciende alegra…

Es bueno pararnos a reflexionar en la Persona del Espíritu, en toda su realidad, identidad como Persona Divina para crecer así en su conocimiento y su amor.

Interpela la humildad del Espíritu, su desaparecer en el seno trinitario para cumplir su misión de dar testimonio de Jesús, glorificarle, conducirnos a la verdad plena “El Espíritu no hablará por su cuenta sino que hablará de lo que oiga” Jn 16, 14. Y así entrevemos en el Evangelio de Juan la dinámica del amor en el corazón de la Trinidad, cada Persona vive y desaparece para glorificar a la otra. “Padre glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a Ti” Jn 17 Vivir este acto de perfecta alabanza que viven las Personas divinas entre sí tiene que ser para nosotros un estímulo y una llamada para vivir nuestra relación con los hermanos, desde la humildad, el reconocimiento y el servicio del otro haciendo de este amor a semejanza del amor trinitario nuestro modelo de relación.

San Ireneo de Lyon en su defensa de la fe contra la herejía gnóstica en el siglo II  nos habla bellamente de que este Espíritu que había bajado en plenitud sobre la carne de Jesús en el Jordán, del espíritu que se fue habituando en la carne de Jesús a vivir entre los hombres, se derrama en Pentecostés sobre toda carne creyente.

Pentecostés, hoy como creyentes, bautizados en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu, somos invitados como pobres a recibir a manos llenas la efusión de este Espíritu desde Cristo. Como templos de Dios, seres espirituales que somos actualizamos la recepción de Aquel que es llamado DON por excelencia, y que viene a morar por entero en el silencio de nuestra interioridad más profunda, para gobernar y conducir nuestra vida hacia la plenitud de Dios.

Cedámosle sin miedo las riendas de nuestra vida, invoquémosle como nuestro Guardián y Defensor…dejemos que su venida siempre nueva irrumpa con fuerza, nos desinstale de nosotros mismos para vivir con mayor radicalidad la buena noticia y exigencia del Evangelio, entonces también hoy será Pentecostés y seremos profecía de la única Verdad, Vida y Esperanza para el mundo. ¡Seamos hombres y mujeres portadores del Espíritu Santo y adelantemos así los cielos y la tierra nuevos!

¡¡ VEN ESPÍRITU SANTO Y RENUEVA LA FAZ DE LA TIERRA!!!

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