Todos hacemos planes

Por el P. Borja Hernando Trancho. Sacerdote. Diócesis de Getafe.

Buenos días! El evangelio que este domingo escucharemos en misa es oportuno para comenzar todo un curso. Todos hacemos planes. También Jesús nos invita a hacerlo, pero desde una perspectiva radicalmente nueva: para seguirle, dice, hay que dejar todo. Desconcierta su radicalidad. Pero sus palabras son claras: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre…incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío”. Y a continuación cuenta dos parábolas que invitan a la prudencia antes de tomar la decisión de seguirle: un rey que quiere batallar contra otro, dice, no se arriesga si antes no se asegura de tener un ejército superior al del enemigo. Un constructor que quiere hacer una torre, no empieza la tarea sin cerciorarse de que tiene medios para terminarla. La conclusión de estas parábolas la saca el mismo Cristo al final del evangelio: “El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”. El que no pospone todo a Él, no puede ser discípulo suyo. Y es que el Señor no nos dice que Él no quiera que lo seamos, sino que no podemos ser sus discípulos, porque el paño nuevo tiraría del viejo y dejaría un roto peor. El Señor nos viene a decir que, antes de seguirlo, hay que pararse a pensar si estamos dispuestos a dejarlo todo. No se trata de elegir entre seguirlo o no, como si ambas opciones fuesen igualmente válidas, sino de tomar conciencia de que elegir a Cristo es anteponerlo siempre. O lo que es lo mismo, aquella frase tan famosa de San Benito: “No antepongáis nada a Cristo”. Por eso en el salmo pedimos “Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato”. Se trata de una oración en la que pedimos al Señor discernimiento y recta conciencia de lo que somos. Este conocimiento es, ante todo, de nuestra condición creatural y de la necesidad que tenemos de Dios.

El seguimiento de Cristo, no puede ser condicionado, ha de ser total. Las palabras de nuestro Señor no son para matizarlas sino para ser tomadas en serio, porque son verdad. Nadie que no posponga todo a Cristo, incluso a sí mismo, no puede ser discípulo suyo. La razón no está en lo que vale todo lo que dejamos: nada más grande que los propios padres, la mujer y los hijos, la vida misma. Pero ahí no está la clave. La clave es Jesucristo, Él lo es todo! Él ilumina con su plenitud toda la realidad, y así, por ejemplo, somos capaces de amar convenientemente a las personas si las amamos con el Amor que recibimos de Él. El Señor nos exhorta hoy a no hacer cálculos en nuestra vida sin contar con Él, sin su fuerza, sin su sabiduría, sin su gracia porque en Él todo tiene su consistencia. No podemos dejar que pase delante de nosotros al que es la Vida y optemos por la muerte… no podemos desviar nuestra mirada de la mirada amorosamente eterna y creadora con que nos mira Él. San Juan de la Cruz nos dice que no hemos de amar más a uno que a otro (de los hombres), porque no sabemos a quién ama más Dios y la medida de nuestro amor ha de ser el que Dios tiene por cada uno: ni más ni menos. Para ello, lo primero o incluso ¡lo único! es adherirse totalmente, sin resquicios, a Jesucristo.  Decía uno que para que una familia se mantenga unida hace falta que exista al menos un tonto (uno que se olvida de sí mismo) ahora bien, para que una familia sea feliz hace falta que compitan entre ellos a ver quién lo es más…. ¿estamos dispuestos? Feliz Domingo!

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