Nuestras Campanas hablan

Por Hna. Mª Gloria del Espíritu Santo

¡Sí, las campanas hablan! Desde niños hemos escuchado su lenguaje, cuando nos  invitaban , unas veces, a la oración: a la celebración de la eucaristía, al rezo del Rosario, a las procesiones del pueblo…Otras veces, nos anunciaban que alguien había fallecido, que había un incendio, o que venía el obispo o un personaje importante…¡Todos sabíamos  lo que las campanas nos decían! Conocíamos su lenguaje, por sus toques, sus repiques, sus sonidos especiales… y  su voz cruzaba el espacio y llegaba hasta las plazas y el campo, llenando la tarea de los hombres con su presencia alegre, jubilosa y esperanzada. Las campanas nos decían: “Hombre o  mujer que me oyes: ¡eleva el corazón a la altura! ¡Mira el cielo! ¡Alaba a tu Dios!…”  A veces, decía más melancólica: “Todo pasa, la vida es breve…Pero nos espera otra vida mejor. ¡Alaba a tu Dios! ¡Confía en su Amor!”.

Eran tradicionales los toques del amanecer, mediodía y atardecer, o toques del “Ángelus”, para saludar a la Virgen María; también el del “Sanctus” en el momento de la elevación de la Sagrada Forma en la Misa.

La campana es un instrumento de metal en forma de copa invertida, que suena herido por los golpes del badajo, y se coloca, principalmente, en el campanario de los templos. Algunos atribuyen su introducción a San Paulino, Obispo de Nola (a. 400 d. C.). Desde entonces las campanas han venido desempeñando la importante misión de llamar y convocar a los fieles al culto.

Seguramente que todos hemos visto una campana, pero, ¿sabemos cómo se hacen ?.  Es un proceso laborioso, que se realiza en la fábrica, y el mejor material empleado es una aleación de cobre y estaño, en la proporción: tres  partes de cobre y una de estaño. Las campanas han de tener volumen y riqueza de tono. Cuanto más delgada es la campana, en proporción a su tamaño, tanto más bajo será su sonido. La parte más gruesa es el borde, lugar que se golpea con el badajo.

El arte de fundir campanas no ha experimentado apenas variaciones desde los tiempos medievales. Las campanas se funden sobre un molde, según su forma, cubierto por otro molde mayor. El metal líquido se vierte por una abertura situada en la parte superior, hasta que el espacio entre ambos moldes quede lleno. Una vez enfriado el  líquido, la campana se separa de los moldes, se trabaja y se pule. Si se quiere obtener un tono determinado, se coloca en un torno  especial, para rebajar el metal en los lugares necesarios, para que se eleve o descienda el tono. También en una campana de buen tono, se pueden obtener, además de la nota principal, armónicos  naturales.

Las campanas pueden ser de distintos tamaños. La más grande del mundo es la Gran Campana de Moscú, fundida en el año 1733, que pesa unas 200Tm. Por tener una grieta, no pudo colgarse en el sitio reservado para ella, y se instaló sobre un pedestal en el kremlin, como pieza de museo, que los visitantes pueden contemplar.

Además de tener una función importante en las catedrales y en las iglesias parroquiales, las campanas tienen una misión especial en los Monasterios, pues es la “Voz de Dios”, que llama a los monjes, no sólo a la oración, sino también a los diversos oficios, señala los cambios de horario y la distribución de las tareas de la jornada.

La Sta. Madre tenía muy en cuenta esta función de las campanas, y siempre adquiría una o varias al iniciar sus Fundaciones. Cuando iba a fundar su primer “ palomarcito” , el convento de S. José de Ávila, compró una campana,  que tenía un orificio, defecto de fundición, porque se la vendieron más barata, y ella no andaba muy sobrada de” maravedises”…

El 24 de agosto de 1562, fiesta de S. Bartolomé, muy temprano, empezó a tocar la campana, avisando a todos los vecinos de Ávila que había nuevo Monasterio, e invitando a la Misa que inauguraba la casa: “Tomaron el hábito algunas, y se puso el Stmo. Sacramento, y con toda autoridad y fuerza,  quedó hecho ntro. Monasterio del Gloriosísimo Padre Ntro. San José” (V. 36,5)

Y aquella campana rota que elevó su sonido en el primer Monasterio teresiano, se colocó después en uno de los claustros, y allí se conserva todavía, como un admirable recuerdo de la Santa, transido de sencillez y pobreza.

En la 2ª fundación de Medina del Campo, después de pasar toda la noche aderezando la casa, que estaba toda caída, poniendo tapices en las paredes, limpiando el suelo, quitando tierra, dice ella:”Nos dimos tan buena prisa, que cuando amanecía, estaba puesto el altar, y la campanilla en un corredor, y luego se dijo Misa. Y esto bastaba para tomar posesión”.     (Fund. 3,9)

En el Carmelo, las campanas son como el “reloj”, ¡van dando las horas!. Por el toque de campana las Hnas. se rigen y conocen del momento del horario de la comunidad. En Ntro. Monasterio  tenemos varias  campanas:

  • Dos campanas grandes, colocadas en el campanario, que tienen forma de Monte Calvario, con sus tres cruces. Son de distinto tamaño. La más grande se llama de “San José”, que sólo se toca los domingos para la Eucaristía. La otra se llama de “Sta. Teresa”, que se toca para la Eucaristía de cada día. También se toca con ella el Ángelus (que  es un toque muy especial, y difícil de aprender para las postulantes), y para la oración de la tarde.

Los días de gran solemnidad se tocan las dos  campanas  juntas , creando una armonía muy bonita, que eleva el corazón. El Jueves Santo, en la Cena del Señor, se tocan mientras se canta el “Gloria”, y después, permanecen en silencio hasta el “Gloria” de la Vigilia Pascual. Produce gran emoción, después del  gran silencio del Viernes y Sábado Santo, oír el volteo de campanas, que, felices, parecen anunciar, a todos los vientos:” ¡Alegraos! ¡Cristo ha Resucitado! ¡Aleluya, Aleluya! ¡Alegría! ¡Ha Resucitado el Señor!”…¡Es la Alegría de la Pascua, que quieren comunicar y transmitir a todos! …

  • Un Campanillo, colocado  sobre la pared de la iglesia que da al interior del Monasterio. Éste es sólo para aviso de las monjas . Se toca para ir a Sexta, y para convocar a la oración.
  • La Campana reglar o de oficios. Está colocada en el claustro, para que las hermanas la oigan desde las celdas y los lugares de trabajo comunitario. Es la campana que más se toca, y nos convoca para ir a Laudes, la Eucaristía, Sexta, la oración de la tarde y Vísperas. También nos anuncia el comienzo y el final del tiempo de recreación: su sonido y sus toques nos son bien conocidos, pues con ellas anunciamos que está el Padre que viene a confesar, para estar atentas y no descuidarnos;  nos avisa cuando entra o sale el médico o algún obrero, y cuando hay alguna visita en el locutorio la M. Priora tiene un “toque especial, para llamarla si se necesita su presencia en el torno o en la portería. También se avisa con un toque a las hermanas que atienden a los obreros,  para acompañarlos en sus trabajos.

En fin, esta campana es como el “reloj” de la comunidad, que avisa de los distintos momentos del horario. Basta seguir el ritmo de sus toques y sonidos, para vivir imbuidas en los actos comunitarios más diversos. Quizás nunca hemos pensado en la importancia de la campana para un vida de comunidad bien regulada , pero es como una Hna. invisible que nos acompaña a lo largo de la jornada. Con su “toque” sencillo y monótono, nos dice: “¡Atención! ¡Hay cambio de distribución de horario! ¡Deja lo que estás haciendo, hazte disponible, y comienza la nueva tarea, que Dios quiere para ti en este momento!”.

Siempre nos han enseñado, sobre todo en el Noviciado y en el tiempo de formación, que la campana es la “Voz de Dios”, que nos manifiesta su voluntad ; y nos han invitado a ser fieles, no tanto a ese sonido inerte de la campana, sino a lo que ella representa y nos dice: esa fidelidad, que no es rigidez , sino que es amor a Dios, olvido propio, amor a la comunidad, mortificación y disponibilidad.

Hay unas sentencias en el Carmelo, que decimos por la noche, antes de acostarnos, que dicen:

  • Oye siempre en la campana,
  • la señal que llama y que invita,
  • la Voz Amada y bendita,
  • del Esposo celestial.
  • La “tañedora “ ha tocado,
  • ¡no te quieras detener!,
  • porque ya debes saber:
  • ¡es Jesús quien ha llamado!.

Sta. Teresita, en esta sentido, era muy fiel. Cuando tocaba la campana lo dejaba todo inmediatamente: si estaba escribiendo algo, dejaba la palabra sin acabar, luego, cuando volvía a retomar el escrito, no se acordaba, seguía adelante, sin acabar la palabra. Así se han visto muchas de sus cartas, con palabras o frases incompletas, signos de esa fidelidad finísima…

Ella animaba a sus novicias a faltar lo menos posible a los actos de comunidad: oficio divino, oración, recreación… ¡Esa era su “consigna”!

Cuando una pensaba que podía hacer una excepción, por estar ocupada en un trabajo común, le decía que se dijese interiormente: ”Si todas hacen lo mismo, ¿qué ocurriría? La respuesta era clara: Seguro que todas las hermanas tendrían buenas y válidas ocupaciones, de propia elección o de oficio, para sustraerse a las obligaciones comunes. Entonces, ¡qué desorden resultaría para comunidad…!”.

También Sta. Isabel de la Trinidad era muy fiel en estas pequeñas cosas. Cuando estaba enferma, ya en la enfermería, iba alguna hna., durante el tiempo de la recreación, a estar con ella. La conversación era muy animada y espiritual. Cuando sonaba la campana para acabar, ella interrumpía la conversación y hacía un gesto poniendo su dedo en los labios, haciendo ver a su compañera que era momento de silencio. Cerraba los ojos y se sumergía en un profundo recogimiento, en adoración interior con los Tres… Ya muy próximo el momento de su muerte, el 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos, oyó el toque del Ángelus del mediodía. Elevando las manos hacia el Cielo dijo a su Priora:”¡Oh, Madre! Esas campanas dilatan mi corazón. Suenan anunciando la partida de “Alabanza de Gloria”. Todas las campanas de la ciudad repicaron el día de mi profesión. Ellas suenan de nuevo anunciando mi tránsito, de la Iglesia militante a la Iglesia triunfante. ¡Esas campanas van a hacerme morir de alegría!. ¡Marchemos, pues!”.

Nuestro Santo Padre, Juan de la Cruz, la noche de su muerte, oyó tocar unas campanas. Preguntó al religioso que le acompañaba:

  • ¿A qué tañen?
  • A maitines – le respondió.
  • ¡Gloria a Dios, que al cielo los iré a decir! – exclama gozoso, como si las campanas le hubieran dado la señal de la partida. Pone sus labios en el Crucifijo, que tiene en las manos, y dice pausadamente:” In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”. Y, expiró…

Las campanas le acompañaron en el paso a la Casa del Padre, al abrazo pleno y definitivo con su Amado, el Verbo–Esposo, Jesucristo Resucitado.


Las campanas nos acompañan también a todos nosotros, a lo largo de nuestra vida: Bautismo, Primera Comunión, Confirmación, Boda, Ordenación Sacerdotal o Consagración Religiosa, y nos acompañarán al final, en el paso de esta vida a la Casa del Padre. Esos toques de campana de nuestro funeral y de nuestro entierro, no tocarán “a muerto”, sino a VIDA; no serán toques tristes, sino alegres, esperanzados, jubilosos, pues, si hemos muerto con Cristo, viviremos eternamente con Él. Esas campanas anunciarán el triunfo definitivo del AMOR, el paso de la muerte a la VIDA, del dolor a la Felicidad sin fin; de una vida caduca a una vida eterna,  resucitada, ¡con Dios para siempre…!.

¿Habéis visto la película “LAS CAMPANAS DE NAGASAKI”?, o ¿Habéis leído el libro ”RÉQUIEM POR  NAGASAKI”, la vida del Dr. NAGAI, superviviente de la bomba atómica?. Ahí se ve cómo el sonido de las campanas de la catedral, recuperadas de entre los escombros, fue capaz de elevar el corazón y la esperanza, de unos hombres afectados por la radiación de la bomba. ¡Dios, a través de unas campanas, cuyo sonido conocían bien, fue capaz de levantarlos del desánimo y la desesperación! ¡Dios se sirve de instrumentos pequeños, y, a veces,  inertes…!.

Hermanas Campanas, ¡gracias por ser lo que sois! ¡Gracias por estar ahí! ¡Qué vuestro sonido lleve, por todo el mundo, inundando el corazón de los hombres, la alegría de la Resurrección del Señor, la alegría de nuestra Salvación, la confianza en un mundo mejor, de una VIDA NUEVA, donde Dios lo sea todo en todos!.

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