Recibir a María como Madre

Por Hna. Mª Paz de Jesús

Os comparto un texto de Orígenes que me ilumina el Evangelio de este día especial en que celebramos en nuestra diócesis de León a nuestra Patrona, la Virgen del Camino, una imagen que nos recuerda a la Virgen, Madre Dolorosa con Jesús muerto en su regazo, el Hijo de Dios, fruto de su sí al arcángel en la Anunciación. Entonces fue madre fecunda y ahora también sigue siendo madre fecunda en el amor entregado hasta el final de pie junto a la cruz de su Hijo. Orígenes escribía así en su comentario a este evangelio:

“Los evangelios son la primicia de toda la Escritura. Ahora bien, la primicia de los evangelios es el de Juan, cuyo sentido profundo no puede entender quien no recline su cabeza sobre el pecho de Jesús y no haya recibido de Él a María como a su propia Madre.”

Hoy en la liturgia se nos ofrece este don de recibir a María como Madre, y siempre que la contemplo así, es como verla Madre, que me enseña el amor hasta el extremo de su Hijo, junto con su amor fecundo y maternal, pues ha participado plenamente desde sus entrañas maternas en los dolores y muerte de su Hijo Jesús, donde hemos sido engendrados a una vida nueva en este misterio de Redención. Ella nos lo entrega a ti y a mi para que acojamos este amor de su Hijo, así, entregado por mí, por ti y por todos, en obediencia a la voluntad del Padre. Es el don de nuestra salvación, don gratuito que se nos ofrece a todos: Cristo Jesús ha entregado su vida por mí, “a gritos y con lágrimas suplicó al que podía salvarlo de la muerte…y aún siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer”.

No, no ha sido una obediencia fría, sino una obediencia amorosa, concreta como la que también vivió nuestra Madre María, para poder entregarse del todo y hacernos participar de esa misma vida con la que ella fue agraciada desde siempre.

Dice San Pablo que Cristo es el Sí de Dios, siempre es un Sí de amor por ti y por mí, por cada uno, un amor que se ha hecho entrega total de sí y de todo lo suyo, como nos lo dice el evangelio de este día:

“Jesús, viendo a su madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, le dijo a su madre:´»Mujer, ahí tienes a tu hijo». Después le dice al discípulo:´»Aquí tienes a tu madre» desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa.”

La vida de Cristo y María están unidas por un sí de amor de sus vidas hechas oblación concreta, y así como Jesús se nos entrega en la Eucaristía, también nos entrega a su Madre, como discípulos amados que somos para él. Es el último regalo que nos entregó antes de morir, así que podemos acogerla como Madre que sabe de dolores y sufrimientos, que nos acompaña en nuestra vida real y concreta de cada día y nos dice constantemente: “haced lo que él os diga”.

   Con nuestra Madre María aprendemos a vivir el camino de la vida, porque Jesús dijo:

            “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”

Como dice Santa Teresa de Jesús “no queramos ir por camino no andado”, sino acogiendo el camino de seguimiento de Cristo, el camino de la entrega sencilla de cada día, como el discípulo amado hasta hacer nuestras aquellas palabras de san Pablo: “…vivo, pero no yo, sino que es Cristo quien vive en mí”, experiencia del apóstol que podemos ir haciendo vida en compañía de la Madre, Virgen del Camino.

Santa Teresita de Liseux, nuestra hermana nos dice todo esto en una estrofa de su última poesía dedicada a la Virgen “Por que te amo María”:

“Tú nos amas, María, como Jesús nos ama,

por nosotros aceptas verte alejada de él.

Amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo;

tú quisiste probarlo, siendo nuestro sostén.

Sabía el Salvador de tu inmensa ternura,

tu corazón de Madre conocía muy bien;

del pecador refugio, te nos dejó a nosotros

junto a la cruz, y al cielo a esperarnos se fue.”

Contemplando a Jesús y a María y con su intercesión vamos haciendo este caminito de aprender lo que es el Amor: darlo todo e incluso darnos a nosotros mismos.

A todos los que nos acompañáis con la amistad y la oración os deseamos un feliz domingo. Que el Señor Jesús os bendiga con la gracia de su Espíritu y con el consuelo del regalo de su Madre como nuestra Madre para caminar hacia él.

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