Tierra de María II

Hna. Mª Consuelo de Jesús Crucificado (Continuación)

Como verdadera hija de Nuestra Santa Madre, vivió verdadera pasión por la Iglesia y la Orden, la santificación de los sacerdotes y la salvación del mundo. Amó a la Orden incondicionalmente; oró y sufrió por su unidad y su fidelidad.

De espíritu abierto, acogió con entusiasmo la reforma del Concilio Vaticano II; destacaba por su gran libertad en la verdad. Tenía un gran celo misionero y como Santa Teresita, deseaba ir a un Carmelo en Tierra de misión; ya en sus primeros años de Carmelita, se ofreció para ir a un Carmelo de Borneo. Por eso acogió, con gran entusiasmo, la petición que se nos hizo para fundar en Angola; pero tuvo el realismo de aceptar, con paz, las circunstancias, ajenas a la Comunidad, no permitieron llevar a cabo el proyecto. Después vivió con la convicción profunda de que desde la pobreza de su celda, y desde su rinconcito del coro, estaba siendo misionera en los cinco continentes, con su oración y sacrificio, como Santa Teresita.

Fue una gran contemplativa, pues supo profundizar y hacer vida la Palabra de Dios, que leía y meditaba en su corazón; Dios se le comunicaba interiormente, y ella siempre respondió con fidelidad a sus luces y mociones.

Vivió profundamente en intimidad con las Tres Personas de la Santísima Trinidad, con mucha sencillez y naturalidad. Fiada totalmente del Padre; fiel esposa, enamorada de Jesucristo, con quien estaba plenamente identificada, en su camino de humillación y de cruz; sumamente dócil al Espíritu Santo, de quien esperaba un “nuevo Pentecostés” en el mundo actual.

De María aprendió su disponibilidad y humildad, para vivir en un permanente “FIAT” a Dios. La veíamos como “una transparencia de María” .El 15 de agosto de 1994, celebró sus bodas de oro. Nos dio a cada una de las hermanas una cartulina pequeña, azul. En un lado escribió: ¡Magníficat!, con la fecha de ese día; y al otro lado puso una letrilla:

“Con más amor, cada día,

reza el Rosario a María”

Después nos dio un papelito, que era un ”pacto eterno”, como una despedida para el Cielo:

J.M+J.T

Carmelo de la Santísima Trinidad y de la Virgen del Carmen

Amadísima hermanita, que el día de la Asunción, tan

buena fuiste conmigo en las  Bodas  de Oro  con mi Dios.

Darte una pobre estampita, me pareció darte poco, y la

Virgen me inspiró te diera un pequeño “copo”. Sobre fondo

azul y blanco, los colores de María ,y por palabras, las suyas:

su MAGNIFICAT y su FIAT.  Metes esa cartulina en tu

Breviario o Misal. Quiero hacer pacto contigo, ¿me lo quieres

aceptar? Mientras vivas en la tierra, a tu lado yo estaré, y

el “Magníficat” contigo, a la Virgen rezaré.

Y, cuando yo, por los años, (que aquí nunca son eternos), me vaya a ver cara a cara, a mi Dios, Esposo y Dueño, le diré a Nuestra Señora, que aunque sigues en la tierra, en el cielo estás conmigo. Y unidas las dos cantamos, en el cielo o en León, SU MAGNIFICAT ETERNO, DE GENERACIÓN EN GENERACIÓN. ¿Has aceptado mi pacto? Pues, con Ella, un fuerte abrazo.

María Consuelo de Jesús Crucificado

León 15 de agosto 1994 i. c. d.

Al llegar la fiesta del Nacimiento de la Virgen, 8 de septiembre de ese año, ella se propuso volver a nacer con MARÍA y en MARÍA, deseando que Ella la preparara para el encuentro con su Hijo. Los escritos de sus últimos meses, reflejaban su deseo y su impotencia. Pero todo lo ponía en las manos y en el Corazón de su Madre bendita:

J.M+J.T

“Pasarme al alma de María y guardar silencio…”

“No yo, sino mi Madre en mí”

“¡Hoy, sólo hoy! Hoy en Cristo y en María. Por la súplica de uno, puede salvarse la situación de muchos. ¡Hoy con María! Su FIAT, su “haced lo que Él os diga”.

“Pentecostés, unos pocos en oración con María. Desciende el fuego del Espíritu y surge una vida nueva”.

“Hoy, hoy, ¡sólo hoy!, sin temores si deseos. ¡Sólo Dios: amarle, escucharle, obedecerle,…, con María”.

“Mi Sagrario, ¡ser “sagrario” !Hostia por hostia, hoy, consagrada mi nada en la misa de hoy, mañana en la de mañana y así cada día del año.

María, Madre de Dios, mi pequeña hostia en tus manos cada día”

“Ella en mí y yo en Ella. María actuará en mí, como en las bodas de Caná, ¡si le dejo…!”

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la virtud del Altísimo te cubrirá con su Sombra. ¡No temas, María!. Sumergirme en María. En Ella mora la Santísima Trinidad. Ella es mi Ermita”.

“Silencio de María. Silencio de Jesús y de José. A la tarde de la vida, sólo cuenta el amor ¡Las frescas mañanas escogidas!”.

“Siento la nada de la impotencia suma, ¡se ve el final! ¡ Madre, ayúdame!. ¡No me dejes, Madre mía! ¡Sólo Dios! Ni el Nombre de Jesús se puede pronunciar sin la ayuda del Señor ¡Nada, nada! ¡Hágase tu Voluntad en mí! ¡He aquí la esclava del Señor!”

“He pedido al Señor, que me haga “nueva criatura”, que me conceda la gracia de un nuevo nacimiento; todo en Espíritu y Verdad, en el Corazón de mi Madre Inmaculada: “He aquí que yo hago nuevas todas las cosas. Le he ofrecido mi determinada determinación de empezar hoy la vida nueva, que tanto me reclama. Deseo vivir encerrada en el Corazón de mi Madre ¡Todo lo espero de Ella!”

“María está haciendo en mí, esta temporada, una obra maravillosa. Ni directores, ni superioras, ni libros, han actuado en mi vida, de forma directa. ¡Es María quien actúa activísimamente en mí! Dentro de ese claustro amadísimo en la interioridad de la Dulce Reina del Carmelo; en ese encerramiento en que profeso clausura perpetua, mi alma debe vivir en una disposición permanente. ¡Esta es la ofrenda de mi don a la Santísima Trinidad!”

Estas son las últimas palabras, que nos dejó escritas en una estampa, en la que había un niño durmiendo en los brazos de su madre: “Estoy volviendo a nacer… Ahora me llamo: ¡María!

Continuará en Tierra de María III

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