Las Miróforas

Las Mujeres Miróforas junto al sepulcro

Este icono de la Resurrección presenta a las mujeres junto al sepulcro vacío. A la cabecera del sepulcro un ángel bello con sus vestidos blancos parece decir a las mujeres: «Jesús Nazareno no está aquí. Ha resucitado. Mirad el lugar donde estuvo su cuerpo«. Sólo han quedado los lienzos en los que fue envuelto su cuerpo.

Las mujeres están allí, junto al sepulcro, con la pesada losa levantada antes de que hayan llegado. Llevan en sus manos con fervor y delicadeza los vasos de aromas y perfumes, porque han venido a ungir al Señor tras el descanso obligado del gran Sábado. El amor que tienen a Cristo quiere ahora expresarse tras la resignación de la muerte, en cuidado de su cuerpo que quieren ungir para el descanso eterno del sepulcro. La tradición oriental llama a estas mujeres «miróforas», portadoras de aromas, con todo el encanto y mensaje de esta expresión que caracteriza a toda mujer cristiana, a toda discípula del Señor que será siempre una «mirófora» portadora de aromas, de consuelo, de cuidado para el Señor y para su Cuerpo, allí donde este cuerpo tiene necesidad de un cuidado, en los niños, pobres, enfermos, necesitados, abandonados, heridos, hambrientos…

El sepulcro está vacío. Sólo quedan los lienzos en los que envolvieron el cuerpo de Jesús. Los lienzos blancos sugieren un simbolismo que está muy cercano a una gran tradición antigua, recogida por algunos Padres: el gusano de seda. En la antigüedad, el gusano de seda que se transformaba en mariposa blanca era símbolo de la inmortalidad. Alguien mirando este icono recuerda el hecho. Jesús es como la mariposa que ha dejado la crisálida de sus vestidos. El hace efectivo el simbolismo. El es el principio de la inmortalidad. Con él nuestra vida está escondida con Cristo en Dios; en El podemos morir y resucitar.

Una estrofa del canto de Pascua de la Iglesia oriental comenta así la presencia de las mujeres en este icono:

Las mujeres miróforas con la luz del alba

fueron al sepulcro del autor de la vida

y encontraron a un ángel sentado sobre la piedra.

Dirigiéndose a ellas les decía así:

¿por qué buscáis al Viviente entre los muertos?

¿por qué lloráis al Incorruptible

como si hubiese caído en la corrupción?

Id y anunciad a sus discípulos:

Cristo ha resucitado de entre los muertos.

Mujeres evangelistas, levantaos,

dejad la visión e id a anunciar a Sión:

recibe el anuncio de la alegría:

Cristo ha resucitado.

Alégrate, danza, exulta, Jerusalén,

y contempla a Cristo tu Rey que sale

del sepulcro como un esposo.

La Resurrección cambia también la suerte de las mujeres. A partir de este momento ellas son, como lo expresa la tradición de Oriente, «miróforas» -portadoras de aromas-; son «evangelistas» -porque llevan a todos la gran noticia de la resurrección; son «iguales a los apóstoles», porque dan testimonio de Cristo resucitado.

Por Jesús Castellano Cervera, ocd. (1941-2006)

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