3ª parte. Mi Cercanía a los Místicos

Experiencias de un músico arraigado en el Carmelo

MIS TRES (3ª parte)

Por Alberto Ramos. Cantautor y escritor

Durante las primeras semanas tocaba esperar para dar tiempo a poner en audio lo que yo había escrito en papel de pentagrama. El proceso de elaboración de un disco fue todo un descubrimiento para mí. En algunos aspectos es muy ilusionante y altamente satisfactorio, pero en otros es todo lo contrario: un parto más que difícil, ¡terrible! diría yo. Dichosa burocracia que a veces más que servir esclaviza y más que resolver desbarata. A ello hay que añadir intereses, triquiñuelas, acuerdos y desacuerdos de unas partes y otras, pues nadie nos libramos, que se suceden cual carrusel de emociones encontradas, no exentas de subidas y bajadas de tensión, fiebres virulentas y arrebatos que pondrían los pelos de punta al más pintao, jajajaja. Bueeeno, vaaale, quizá exagero un poco. Pero no puedo negar que el hecho post-creativo, más allá de mis dominios leoneses, tiene muy poco de romántico, más bien nada. Lejos de ser una continuación de tu callado esfuerzo en los ocho metros cuadrados de tu cuarto, a veces se convierte en algo imprevisto, cuasi ajeno a uno mismo como creador y como creyente, hasta el punto de que si no fuera por la meta a alcanzar y por el Señor, a quien servimos, creo que tras el par que edité en los comienzos de mi carrera hubiese puesto fin a la prole, y ahora sí que no estoy exagerando. Más de una vez_ salvando las distancias, claro está_ me sentí como nuestra santa Madre Teresa, cuando hacia el final de su ajetreada vida se quejaba, y no sin razón, del hastío que le producía a esas alturas “trajinar con gentes de toda ralea y condición, el Señor me perdone”. Y no es que estuviera ya a gran altura, pues mira si no me quedaba aún camino por recorrer, pero notaba que lo excesivamente prosaico me afectaba demasiado. Más… pensándolo mejor, creo que prefiero ahorrarme los detalles de aquellos momentos en que trabajar en un Estudio rodeado de un equipo de profesionales de tu gremio artístico, que no necesariamente de tu Fe (ni de ninguna fe), es toda una odisea. Por no hablar de los quebraderos que se padecen por auténticas minucias, que a veces son tantos que se te agotan las ganas de afrontar el próximo parto. ¿Hago bien en compartiros esto?, tal vez no.

¿A quién le importa, Alber, los acíbares de tus neuras y avatares musicales?”. No dejaba de oír voces cercanas que opinaban con permiso o sin él.

“¿¡Y qué esperabas…!?. En este mundo hay un precio a pagar si curras para ‘el de Arriba’, ¿o acaso te pilla de sorpresa?”.

“Pues ya estoy pensando en algo para la Santa”.

Ándaaa…, déjate de Sta. Teresa y compón la canción del verano. Eso sí que da pasta”.

“Yo sirvo al Señor no a la pasta”.

“Así te va”.

De otros rincones me decían: “Sirve al mundo y todo serán halagos. Sirve a Dios y prepárate para sufrir”. Y cuando mi desgana o mis quejas ante tanto pecunio invertido y tan poco recuperado eran evidentes, en vez de consuelo me atizaban con su risa en la cara: “Nadie te mandó meterte en las tontadas de los Curas. Al final gastos perdidos nunca recuperados”. Y en algún caso, con portazo incluido, me despacharon con gran solemnidad: “¡Disfruta de lo escogido!”. Hala, toma, con la boca más abierta que una chancla, así me lo decían y así yo me quedaba. ¿Estaría sirviendo al Cielo equivocadamente?. Un talento artístico a menudo conlleva una gran dosis de autocomplaciente vanidad. ¿Acaso estaba construyendo un castillo de mí mismo bajo pretexto de servicio a Dios?. Pero aquel mecenas había dicho que “esto era de Dios” y el Señor habla también a través de las causas segundas. Oh, Dios mío, qué desasosiego empezaba a inquietar mi espíritu. Los reproches que no pocos me hacían se agolpaban en mi cabeza. Aunque, seamos sinceros, todo hay que decirlo, a más de uno se le veía el “pecado nacional” pintado en la cara, para qué nos vamos a engañar. Y si no hubiese tenido ya una edad esas palabras que no pocos ¿amigos…? me dedicaron me hubiesen parecido de una crueldad intolerable. Pero al ver que otros amigos, y estos lo eran de verdad, me decían lo mismo o parecido, ¡pardiez!, me rendí ante la evidente señal del Cielo: “La marca de los míos es la Cruz. ¿Quieres gozar trabajando para Mí?, pues mira a la Cruz. ¿Quieres enamorarte de veras?, pues mira a la Cruz. ¿Quieres servir desde la más absoluta nobleza, sinceridad y verdad?, mira a la Cruz”. En los días siguientes consulté libros, rebusqué misivas, atendí al Evangelio y delante del Sagrario escudriñé alguna respuesta. En todos ellos JESÚS fue claro y conciso: “Déjate de miramientos y sigue adelante. En el camino del Calvario Yo Soy quien lleva la Cruz”. De este modo la Providencia ponía fin a mi tormenta interior. Estaba ÉL, ¡está ÉL!, ¡siempre va a estar!. “No escuches voces espúreas que vienen del enemigo, ¿a qué tanto temer?. Goza de tu suerte pues lo vives por Él y para Él”. Se acabó. Desde que me hizo ver claro que no trabajo para mí descuidé de cuidados y descansé de tentaciones absurdas. En el fondo, todo aquél supuesto dolor y sufrimiento habían sido una Gracia de Dios muy grande, porque me condujeron a una gran verdad de toda vida cristiana: “Yo Soy. ¿Aún no lo pillas?…, ¡¡ YO SOY !!”.

Con esta seguridad en Su misericordioso Corazón, llegó el momento de ir a Zaragoza para grabar voces y otras florituras, algunas con acompañamiento en riguroso directo, que no es nada fácil. Mezcla, masterización, diseño gráfico, publicidad… En dos meses la tirada estaba en la calle y MIS TRES era una realidad en los ambientes carmelitanos ad intra y ad extra de la Orden. Parece ser que en algunas comunidades religiosas y parroquiales con muy cálida acogida pues los admiradores de Isabel Catez no son pocos, ni pocos fueron los que me enviaron sus abrazos y bendiciones por el proyecto ya hecho realidad. Ahora entendíamos el silencio de Dios y la larga espera de años: ÉL estaba esperando a la efeméride del Centenario para ganar en sentido y expandir con mayor eficacia la unción de las palabras llenas de Cielo de Isabel de la Trinidad ya que el mundo católico pondría sus ojos en ella durante todo ese año. Revistas eclesiales, notas de periódico y alguna que otra entrevista radiofónica se hicieron cargo de esta expansión; más tarde también la Red haría su trabajo en pro. Los pedidos directos a mi persona se sucedían, sobre todo del otro lado del charco (USA, México, Colombia y Paraguay se llevaron la palma). Miel sobre hojuelas. Más… aún faltaba pasar nuestra particular “Pasión”, una prueba en cierto modo mayor, porque no hay cosa de Dios que “el patas” no deje sin poner a prueba. Y así, hubo otras comunidades donde el recibimiento a esta novedad discográfica no fue tan halagador como cabría esperar, incluso fue hostil. Para mi enorme sorpresa las hostilidades no llegaban tanto de la calle cuanto del mundo eclesial. ¡Qué doloroso para todos los que estábamos detrás del proyecto!. Pero hasta el Señor hubo de sufrir a un Judas. Detalle que me remitía al recuerdo de que “en la Vía dolorosa es JESÚS quien carga la Cruz”. Esto me serenaba plenamente. Y así, tras los primeros y exitosos meses, entre parabienes y “paramales” llegó una misteriosa carta a mi buzón.

Continuará…

2 respuesta a “3ª parte. Mi Cercanía a los Místicos”

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.