Descenso al corazón

Por Hna. Cruz Mª de Jesús.

Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. En la liturgia que la Iglesia nos propone este Domingo nos encontramos con la sorpresa de Jesús que adelantándose en la persona de Zaqueo a cada uno de nosotros, nos hace  una invitación… baja en seguida…

Pero, ¿bajar?… ¿A dónde?… Sin duda a ese lugar del corazón, a nuestro espacio interior donde podemos comunicarnos con Dios… Es ahí en ese espacio profundo que forma parte de nosotros, donde tantas veces Jesús llama a la puerta para poder entrar… «Estoy a la puerta y llamo si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3, 20). Nada anhela tanto como realizar su más vivo deseo de entablar una relación de amistad, una comunión e intimidad verdadera con el hombre, con cada uno de nosotros.

Ese espacio tan especial, está en lo profundo y requiere un camino para llegar a descubrirlo, para percibir la presencia de Dios que lo habita y entablar ese diálogo con Él, esa comunión; Tendremos que adecuarlo es decir tenerlo preparado, limpio, ordenado para cuando el huesped divino llegue… Ese lugar que nuestros santos del Carmelo descubrieron como la perla más preciosa… por el que dejaron todo aventurándose por los caminos del Amor, descubriendo a manos llenas la primacía y el derroche de la gracia, la belleza que Dios confiere al alma en gracia, como describe Santa Teresa a este alma,» castillo tan resplandeciente y hermoso, esta perla oriental, este árbol de vida que está plantado en las mismas aguas vivas de la vida que es Dios» (Moradas I, 2). Ellos hoy también nos dan la mano para enseñarnos a recorrer estos caminos.

Así también nos apremia San Juan de la Cruz, en la primera estrofa del Cántico, «Ea, pues alma hermosa! Pues ya sabes que en tu seno tu deseado Amado mora escondido, procura estar con Él bien escondida, y en tu seno le abrazarás y sentirás con afección de amor…» (CB 1, 10)

También Santa Isabel de la Trinidad, carmelita descalza, conocedora de estos caminos de silencio e interioridad, «He hallado mi cielo en la tierra pues el cielo es Dios y Dios está en mi alma « Cta 110.

Invitación a bajar, a descender a nuestro interior, a nuestro más profundo centro…

También el texto evangélico nos habla de otro descenso. El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido… (Lc 19, 10). En esta palabra tan consoladora se nos muestra Cristo, el mismo Hijo de Dios sentado a la derecha del Padre, el que despojándose de su rango ( Fp 2, 7) dejando su categoría de Dios, «como el esposo que sale de su tálamo» (Sal….. ) realiza el enorme salto de descender hasta nosotros (su esposa) revistiéndose de nuestra carne, esto es de nuestra naturaleza, fragilidad humana, etc…, llevado por el ardiente deseo de recuperarnos a todo el género humano, (la esposa), a toda la Creación, (el palacio para la esposa), para llevarnos de nuevo junto al Padre…»Padre quiero que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy» Jn 17, 24.

Pero además, por lo que Jesús se siente irresistiblemente atraído en su salida del seno del Padre, (en esa siempre sorprendente y desconcertante lógica de Dios!) es precisamente por lo último, por lo que no cuenta, por lo débil, lo imperfecto, etc, esto es por lo perdido para este mundo, que no para Dios… como dice San Pablo en I Cor 1, 22  «Lo débil del mundo lo ha escogido Dios…».

Por eso con esta palabra recibo el aliento para presentarme en la oración ante Él, ante su bella y misericordiosa mirada tal cual soy, (como Zaqueo) sin ocultar mi verdad más desnuda, mis debilidades, límites, fallos etc, que Él conoce mejor que yo pues me ha creado. Ahora después de escuchar a Jesús lo hago con la alegría, confianza y la gratitud de quien sabe que esto es lo más precioso para Él, lo que ha venido a buscar y a salvar.

Es este Amor, Misericordia, Bondad… de Dios que constituye su misma esencia el que nos revela la lectura del libro de la Sabiduría… Te compadeces de todos… Amas a todos los seres, no odias nada de lo que has creado… Sb 11, 24.  Dios en el Antiguo Testamento se reveló a Moisés con este nombre: «Yo soy el que soy» (Ex 3, 14), es decir el que existe verdaderamente. Descubrimos en el texto Sb 11, 25 que amando crea, es decir llama a la vida, a la existencia… si hubieras odiado alguna cosa no la habrías creado…; Es su amor ETERNO el que precede, custodia y mantiene todo lo que Él mismo ha llamado a la existencia, desde la más humilde flor del campo, hasta el ser más semejante a Él, el hombre;… en todas las cosas está tu soplo incorruptible, el Espíritu que es germen, arras de Vida , por eso en todos los seres podemos vislumbar el rastro de Dios, esa hermosura conque ha dejado vestida a las criaturas, a la Creación.

Al descubrir un poquito más el rostro de este Dios nuestro, podemos hacernos eco con las palabras del salmista, para prorrumpir en alabanza… «Te ensalzaré Dios mío, mi Rey» Sal 144,1.

  • ¡Gloria a Tí, Dios Padre Creador, Amigo de la Vida que nos has llamado a la existencia!
  • ¡Gloria a Tí Cristo, Primogénito de la Creación, que revistiéndote de carne, me has redimido y me has llevado contigo junto al Padre!
  • ¡Gloria a Tí, Espíritu, Soplo de vida eterna, que mantienes, custodias y guías mi existencia! AMÉN

¡¡Feliz Domingo!!

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